Ginés Sánchez: “La vida comienza cuando termina el recreo”

Ginés Sánchez nos habla de su nueva novela: Mujeres en la oscuridad. Una obra con tres protagonistas femeninas: Julia, catedrática de Derecho que contrata a boys; Tiff, una chica bisexual que busca un rayo de luz en su vida amorosa, y Miranda, una prostituta en permanente alerta.

Mujeres en la oscuridades sensualidad en estado salvaje; una obra con un estilo tan particular que ha convertido a su autor en una voz narrativa única dentro del panorama literario actual.

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Ginés Sánchez. Foto: planetadelibros.com

¿Qué siente al saber que su libro es la apuesta literaria de Tusquets para esta temporada?

Lo primero de todo, una inmensa responsabilidad. Porque la gente de Tusquets es una espléndida familia y se lo merecen todo. Porque realmente hacen esfuerzos muy importantes por los autores. Luego, a ratos, también tienes tus momentos de debilidad, incluso de duda. ¿No podría haber hecho esto, o aquello otro? Después también se te pasa eso. Porque el momento de tomar las decisiones fue cuando fue y se tomaron las que se tomaron. Y siempre es de agradecer que confíen en uno.

Usted estudió Derecho. Uno de los personajes femeninos, Julia, es licenciada en esta materia. ¿Echa de menos ejercer la profesión?

Sinceramente, no. Ser abogado es una profesión interesante, pero muy extenuante: tienes que estar siempre marcando estrategias, veinticuatro horas al día. Escribiendo también, pero por lo menos lo haces sobre cosas que realmente te llenan. Digamos que de abogado al final uno vive una vida que no es la suya.

¿Y como escritor no?

Como escritor uno vive una vida que no es la suya cuando está escribiendo, el resto del tiempo sí vive su vida. Luego está el límite que uno quiera poner entre sus personajes y uno mismo, que es una frontera muy difusa. Kundera decía que sus personajes eran como las fronteras a las que él se había acercado pero que no había llegado a atravesar. Yo estoy muy de acuerdo con eso. Hay una serie de posibilidades que a lo mejor no has explorado (yo tendría muy difícil ser mujer) y aquí tienes la posibilidad de hacerlo. Tampoco he sido asesino en serie (por lo menos que la guardia civil sepa), sicario u hombre lobo. Pero escribiendo tienes la posibilidad de proyectar tus obsesiones sobre otras figuras.

Sus obsesiones, precisamente, están muy presentes en todas sus novelas.

Entiendo que eso debe ser así. Mis personajes no son yo. Llevo diez personajes principales; sería un problema de personalidad bastante agravado. Ahora bien, siempre he dicho que si cogiésemos toda la obra de un autor y la pudiéramos ver desde un satélite, lo que estaríamos viendo serían sus obsesiones. Por supuesto las mías tendrán que ir saliendo.

¿Qué fue lo más difícil en el momento de sentarse y enfrentarse a los primeros capítulos?

¿Lo más difícil? La cabeza de Tiffany, su manera de pensar, de manejarse con el mundo. Porque la esencia de Miranda ya estaba. Porque con Julia tengo en común la edad y la formación académica. En cambio, Tiffany era como otro mundo, como hablar de una persona de la que estás separada por un universo… Hubo que prepararse; costó mucho trabajo que su cabeza fluyera en la mía…

Tiffany piensa que hay una tirada perfecta en la vida y espera que las cartas le sean propicias. ¿Ha salido su tirada perfecta o sigue barajando?

El problema es que creo que la vida no es solamente una tirada; son muchas. Habrá tiradas profesionales, familiares, románticas… En ese sentido, estoy bastante contento en general con las cosas. ¿Todo podría ir un poco mejor? Sí, podría ir mejor, pero yo no pienso exactamente así. Ese es un pensamiento muy de Tiffany.

¿Cree que un rayo de luz podría aún llegar?

He estado de viaje muchos años y cuando empecé viajar sí es muy posible que mi pensamiento se pareciera más a eso. Había una frase de Steinbeck: “He estado muchos años buscando algo que tal vez no existía. Ahora, con el paso del tiempo, encuentro cada vez más aceptable que suceda lo previsto, eso quiere decir que tal vez no pueda ser ya feliz, pero me siento satisfecho”. Mi pensamiento, a fecha de hoy, se parece un poco más a eso. He visto muchas líneas de metro, he estado en sitios que nadie creería y, ahora mismo, estoy tranquilo. Ya no tengo esa necesidad de la parada mágica, nueva, diferente. Seguramente ya la pasé hace tiempo.

En un capítulo dedicado a Julia se dice: “A veces, es mejor irse. Venir. Aquí. Donde no llega ningún sonido. Donde no es el mundo”. ¿El ser humano necesita a otros congéneres o prefiere la soledad?

Yo creo que hay un momento para cada cosa. Hay personas que tenemos necesidad de espacio y de soledad. En ese sentido, me considero muy afortunado porque mi pareja es exactamente igual que yo. En soledad es donde se hacen los trabajos importantes. Si no tienes la posibilidad de aislarte del mundo, si no tienes la posibilidad de “sufrir”, no puedes hacer trabajos importantes. El exceso de compañía, de jolgorio, de felicidad, entiendo que, en general, conduce a la relajación, y en la relajación es muy difícil concentrarse.

Los sueños son elementos recurrentes en sus novelas. ¿Cree en la simbología de estos?

A todos estos efectos soy un poco Borges. A Borges todas las ramas de la filosofía le venían bien. Yo también cojo de aquí y de allí. Entonces, estrictamente, no. Ahora bien, sí la uso como recurso. Prefiero explicar un personaje a través de una imagen que tenga en un sueño que tenerlo dos páginas con un monólogo. Creo que es más impactante para el lector.

¿Y los monstruos están en los sueños o en la realidad?

Los monstruos están en todas partes. Pon la tele. Los monstruos de los sueños son los menos importantes porque, cuando vuelves a este universo, ya se han ido. El problema son los monstruos que están aquí.

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Portada de “Mujeres en la oscuridad”. Foto: planetadelibros.com

En la novela se habla del “respeto y la sensación de pertenencia. A un club. A una élite”. ¿Usted se siente parte de un club?

Me siento parte del club de la gente a la que quiero, y ese es el club más importante. Es importante sentirse integrado hasta cierto punto. La cuestión creo que no es a qué club perteneces, sino qué estás dispuesto a hacer por pertenecer a él. Ahí sí que tengo una línea bastante clara. Sé muy bien lo que estoy dispuesto a hacer (y lo que no) por formar parte de determinados clubs. Uno sí debe ser capaz de poner la línea a partir de la cual se vende o no se vende.

Precisamente se dice en el libro que “todo se vende y se compra”. ¿Cuál es su precio?

¿Mi precio? Mi precio es la independencia. Yo en el fondo soy una persona que lo único que quiere es que lo dejen tranquilo. Mientras me dejes ser independiente, seremos amigos. No es un precio para comprarme; es un precio para que yo no te excluya.

Julia incluye a los escritores y directores de cine en el mismo grupo: traidores. ¿Usted haría lo mismo?

Un trabajo puedes hacerlo bien o decir “voy a renunciar a determinadas cosas que yo pensaba porque al renunciar voy a conseguir esto”, y eso es una escalera que se va bajando y, al final, el que no vendía nada lo vende todo. Pero no se aplica solamente a los escritores y a los directores de cine. Se aplica a los periodistas, a los médicos, a los estudiantes, a los políticos, a los profesores de universidad…

El amor es un elemento muy presente en el libro: “Nos vimos y ya nos quisimos. En un momento. Un segundo antes no nos conocíamos”. ¿Cree en el amor a primera vista?

La teoría que establece Jovan Benes (uno de los personajes) sobre el amor es bastante interesante. Lo que pasa es que yo luego deformo todo, pero son cosas que están estudiadas. Benes de lo que viene a hablar es de la existencia de un amor de pájaros: el amor a primera vista. Sí creo que eso existe. Creo que hay un reconocimiento de personas afines. Ahora bien, una cosa es un amor de afinidad y otra cosa es una relación. Hay una teoría respecto a los reconocimientos límbicos que decía que las personas que son nuestro tipo vienen determinadas por alguien a quien conocimos cuando teníamos a lo mejor cinco o seis años, alguien que nos impactó. Eso dejó marcado el patrón que establece quién es nuestro tipo. El cerebro es muy misterioso.

La sensualidad es uno de los componentes principales de la novela. ¿También lo es en su vida?

El que en su vida la sensualidad no sea importante, que tenga suerte. Espero que se aficione a algo. Al ganchillo. La sensualidad es todo.

¿Es posible vivir sin sexualidad y sin sensualidad?

Me imagino que se podrá, pero sería muy triste. Yo no lo concibo. Se vive para la piel. Somos piel y la piel es todo. Y piel no quiere decir sexo: quiere decir piel… Acariciar un brazo, una pierna…

“¿El sexo es solo orgasmos?”.

No, para nada. Yo creo que, además, el orgasmo es una porción absolutamente minúscula y casi intrascendente. Además, cuando llega el orgasmo, se acaba la cosa.

¿Por qué escribe?

Yo escribo porque si no, no sabría qué hacer con mi vida. Escribir es así: una vez que te pincha y te atrapa, estás frito. Si no te dedicas a eso, sabes que vas a ser un infeliz.

Escribo porque si no, no sabría qué hacer con mi vida

Hablemos del estilo.

Cuando escriba, siempre va a haber un compromiso con el estilo. Por ejemplo, he estado últimamente haciendo pruebas para escribir otras cosas en otros ámbitos. Me decía conversando conmigo mismo: “Solo tienes que armar la idea y trabajar con la voz más sencilla, y fuera”. Y sí, te pones y creas una historia que está bien…, pero qué aburrimiento. Yo quiero armar historias, pero quiero hacer algo más. No podría renunciar a determinado estilo.

¿Cree que su novela es difícil de leer?

Creo que es una novela exigente. No es una novela que se pueda leer en tres días ni en una semana. Es una novela que necesita un tiempo. Y que necesita una atención por parte del lector. ¿Difícil? Hay algún crítico que sí ha considerado que es difícil. A mí lo que me sorprende es que determinada gente pueda decir eso de una novela. Mujeres en la oscuridades una novela exigente y no es para leérsela en unos días.

¿Cómo cree que va a reaccionar el público?

Yo lo que espero es que tengan esa paciencia que estoy diciendo. No es una novelita; no, es una novela en serio. Sinceramente creo que es muy buena novela con lo cual, si el lector tiene paciencia, espero que pensará bien. Luego el tema puede ser un poco polémico. Me imagino que siempre habrá quien se pueda molestar, y a quien se moleste, pues…, lo sentimos. Y a quien no se moleste, pues nos vamos de copas.

“Y mañana, pensó, confusa, será mañana. Pero hoy, oh, querida. Hoy es aquí”. ¿Cuál es su ahora?

Estamos abriéndonos paso a codazos.

¿Y cuál cree que será su mañana? ¿Se siente nervioso ante la perspectiva de lo que pueda suceder?

Seguir trabajando. Si caemos, nos levantaremos. Y no me siento nervioso ni tengo miedo. Nunca miedo. Estamos vivos y lo único que podemos es agradecerlo, porque un día no lo estaremos.

Topala, un personaje de la novela, dice lo siguiente sobre estar vivos: “Lo que llamáis nacer es empezar a morir. Y lo que llamas vivir es morir viviendo”.

Eso es Quevedo. Topala es muy trágico. La muerte es un contrato que has firmado por el hecho de estar vivo. Está siempre al final del camino. Mientras tanto, vamos a ser nosotros, y vamos a procurar poner la música en nuestra fiesta; si tú no quieres bailar, no bailes, pero no fastidies.

Se afirma en un momento dado que “las verdades no están hechas para ser gritadas a la cara. Y es por eso. Y por nada más. Por lo que fingimos”. ¿Las mentiras sí están hechas para ser gritadas?

Si fuésemos diciendo todo lo que pensamos, el lejano oeste sería un parque de niños. Necesitaríamos revólver para ir a la oficina. La autocensura es permanente. Todos los días, a todas horas. Hay unas normas de cortesía. En un determinado contexto tú tienes que saber lo que se puede decir y no se puede decir para mantener la comunicación o para que no estalle el mundo. Y todo al final son pequeñas máscaras.

“¿No hay una la suerte de lucha de clases, también en eso?, ¿entre los que esperan y los que hacen esperar?”. ¿Usted es de los que esperan o de los que hacen esperar?

Este es un sueño que tiene un personaje y en él hay una diosa que establece las horas que cada uno ha esperado y ha dejado esperar. Cada cinco minutos que hayas dejado esperar a alguien, son cinco minutos que te recortan de vida. Me parece una justicia absolutamente maravillosa. Me apuntaría a esa religión y puede que fuese casi eterno, porque esos cinco minutos que espero, me los devolverían. Yo no hago esperar nunca. Y odio que me hagan esperar. El que me haga esperar muchas veces está haciendo eso que no debería de hacer: tocarme la independencia. Y puede ser que sea una persona que termine por tener un problema bastante interesante conmigo.

¿Es devoto de alguna religión?

Considero la posibilidad de ser deísta. Decir que uno es deísta me parece una frase un poco exagerada. Ser deísta consiste en considerar la posibilidad de la existencia de un Dios en cuanto una forma o un algo que rige el universo, pero que no es consciente de nosotros ni está preocupado de lo que hacemos por la noche cuando llegamos a nuestra casa. Ni nos condena ni nos salva. Ese ser, de alguna manera, tal vez tenga una conciencia y una inteligencia, pero, por supuesto, nosotros no seríamos, bajo ningún concepto, capaces de comprenderlas. Si tú me vendes un Dios así, yo consideraría la posibilidad de pensar que pudiera ser que existiera. Pero lo demás…

“La vida son esos ratos que uno no está en el recreo”. ¿Qué es la vida?

Al final, el problema es que estamos colapsados por el ocio. El ocio no es la vida. Tú te pasas seis horas en un videojuego, y eso no es la vida; estás en el recreo. La vida comienza cuando termina el recreo. Fuera del recreo hay problemas y esa es la vida real.

Un personaje de la obra realiza la siguiente afirmación: “También las violaciones son actos políticos”.

Es una frase que está un poco llevada al extremo, pero, en cierto sentido, sí, un poco sí. Porque son una manifestación del estado de las cosas. Violaciones ha habido siempre. Los hombres hacemos determinadas cosas que a vosotras os molestan, pero nosotros no hemos sido conscientes de que os molestaran. Y esto es verdad. Hay determinadas líneas que los hombres hemos ido cruzando. La mujer vive coaccionada y vive con miedo por el simple hecho de ser mujer. Por una cuestión tan sencilla como el género, resulta que el hombre es unos kilos más fuerte que la mujer. Eso, en determinadas circunstancias, puede ser muy peligroso. El hombre debería entender que el hecho de ser unos kilos más fuerte no le da derechos sobre la mujer. Pero la violación no es solo lo que estamos pensando; hay muchas violaciones que son mucho más sutiles. Que no tengas miedo por ser mujer: esa debería ser la verdadera lucha del feminismo.

Que no tengas miedo por ser mujer: esa debería ser la verdadera lucha del feminismo

Un lugar donde le guste escribir.

En una terraza, en septiembre, en Murcia, donde pase la gente, donde haya un poco de sol. Ese es el mejor sitio.

Un libro que recomiende.

Actualmente soy de Ismail Kadaré. Por ejemplo, El cercoo Crónica de piedra.

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