David López Sandoval: «El compromiso con la vida es lo único que nos debería bastar para ser felices»

Cuenta atrás es leer sobre dioses, maestros, recuerdos, amores, tradiciones, cine y literatura. Cuenta atrás es viajar con Tintín, Asterix, Keats, Kobayashi, Hamlet o Plath. Cuenta atrás es ver el Fuji en los brillantes ojos de las libélulas.

La tradición literaria está presente en sus versos desde la primera página, con Homero. ¿Cómo han influido esas lecturas en su poesía?

Lo que me influye a la hora de escribir son las cosas que he leído. Eso no significa que la vida no cuente, pero mi manera de ver las cosas es más literaria que experiencial. En la historia de la literatura hay muchos poetas que creo que son poco lectores y, sin embargo, tienen un genio efervescente que los hace crear su propio estilo; yo no soy de esos: yo soy un ratón de biblioteca.

Durante la presentación del libro en Murcia, Francisco Giménez decía de su poesía que no es una poesía romántica ni que busque el exhibicionismo. ¿Está de acuerdo?

Completamente de acuerdo. Opino igual que él. La poesía exhibicionista me da cierto rechazo porque soy muy pudoroso. Esa idea de exorcizar demonios encima del papel nunca la he entendido. Siempre he considerado que uno tiene que ser elegante, y las personas elegantes muestran sus sentimientos lo justo.

David López 1Sin embargo, ahora hay mucha poesía exhibicionista.

Sí, pero porque es todo exhibicionismo. Poesía, fotografía… Todo lo remarcas en cualquier red social. Entonces es normal que haya una estética exhibicionista en la literatura destinada sobre todo a jóvenes, que es una edad exhibicionista.

Aunque no es una poesía de este estilo, sí que hay retazos de su vida. ¿En qué se inspira?

Por muchos otros yoes de la voz poética, nadie puede apartarse de la experiencia. El tema constante que me ayuda a expresarme y a pensar es el paso del tiempo y todo lo que tiene que ver con él: la muerte, si miras hacia delante, o el recuerdo, si miras hacia atrás.

Hay un poema dedicado a lo que dejamos en los espejos. ¿Qué ha dejado en aquellos espejos que quedan atrás?

Esa es la pregunta que se plantea. Ese poema surge con una fotografía. Creo que fue un intento de selfi cuando aún no existían: tendría 11 o 12 años y me hice una foto frente al espejo. De repente me vino la idea de que dejamos una pequeña parte de nosotros cada vez que nos miramos en los espejos. ¿Qué parte dejamos?, ¿qué momentos?, ¿qué experiencias? Pienso que los espejos son como una aspiradora que absorbe retazos de tu vida cada vez que te asomas y los conserva.

¿Le gustaría recuperar alguno de ellos?

Sí, claro que sí. ¿Y a quién no? Es ley de vida.

Sin embargo, en su poema “Parafraseando a Gil de Biedma”, dice «no volver a ser joven ni de broma». Dice el Eclesiastés que «Nunca te preguntes por la causa de que los tiempos pasados fueron mejor que éstos. Porque nunca hay sabiduría en esta pregunta».

Es cierto. No hay sabiduría en esa pregunta. Pero luego tienes a Jorge Manrique que dice que cualquier tiempo pasado fue mejor. Introduje “Parafraseando a Gil de Biedma” consciente de la contradicción. Son momentos en los que miras a tu alrededor y ves a la juventud, por ejemplo, y te dices a ti mismo: «Ni por seis millones de euros vuelvo a pasar por esa época». Muchas veces te sientes bien con la edad que tienes, con el tiempo en el que estás, y ese era el sentido del poema. Y para ese poema y ese sentido estoy de acuerdo con la cita del Eclesiastés.

«Feliz porque la lucha por llegar a la cima / basta para colmar el corazón de un hombre». En Cuenta atrás hay un canto a la felicidad, a la búsqueda de la felicidad por encima de todo. Sin importar el resultado, ¿esta lucha por alcanzar la felicidad es suficiente para ser feliz?

Un canto y una constatación de que todo se va perdiendo, de que hay una cuenta atrás. Sí, es una imagen sacada de unos de mis libros preferidos, El mito de Sísifo, el ensayo que tiene sobre el suicidio Albert Camus. Camus plantea que los motivos del suicidio deberían ser el tema fundamental de cualquier pensamiento filosófico. A partir de ahí teoriza y desarrolla la idea siguiente: el hombre moderno ha perdido los asideros (Dios, la trascendencia, etc.) y no tiene ningún consuelo ni esperanza. Él da esperanza: utiliza el espejo de Sísifo. El hombre realmente libre es consciente de su castigo, consciente de que va a morir, de que la vida va a acabar absolutamente en nada, y tiene que vivir con ello, subiendo la roca. Y cuando la subas y la bajes, tienes que ser consciente de que solo basta el hecho de haberla subido y haberla bajado; es decir, el esfuerzo por vivir es lo que te debe bastar. Yo todavía no lo he conseguido, pero creo que es un consuelo muy bonito para todos aquellos que, si no somos ateos cien por cien, sí tenemos más dudas que certezas. Lucho por cogerle el sentido que dice Camus, que para mí es deslumbrante. Lo comprendo, pero quiero asumir esa llegada a la cima y esa felicidad en el proceso; el compromiso con la vida es lo único que nos debería bastar para ser felices.

743-LopezSandovalTrata temas de la tradición griega, japonesa, cristiana… No deja prácticamente ninguna sin rescatar. ¿Siente predilección por alguna de ellas?

Por todas. Me encanta la cultura griega. Y el cristianismo como moral, para mí, cada vez tiene más sentido. Por mucho que quieras combatirlo, la moral cristiana está presente, y esa tradición (que recupera a su vez la tradición clásica) me fascina cada vez más. Y el orientalismo también me gusta mucho.

Precisamente la tradición japonesa se puede observar a menudo en su poemario y cada vez más en la cultura occidental. ¿Por qué cree que no ha estado tan presente hasta ahora?

Literariamente sí hemos mirado hacia esa parte del mundo. José Juan Tablada, el escritor mexicano, es uno de los máximos haijin (escritores de haikus) en español, y la generación del 27 también desarrolla el tema. Octavio Paz tiene incluso una traducción de Sendas de Oku, de Matsuo Basho, un poeta del siglo XVII japonés que es el maestro del haiku. La estética japonesa en la cultura (la cocina, el anime…) sí parece que es algo más moderno.

Hay un poema de Luis Alberto de Cuenca, “Línea clara”, en el que aparecen estos versos: «Dicen que hablamos claro, y que nos repetimos / de lo claro que hablamos, y que la gente entiende / nuestros versos, incluso la gente que gobierna».¿Se siente identificado?

Sí. Me ha influido mucho la lectura de Luis Alberto de Cuenca; de hecho, me influye en un momento de mi vida en el que estoy muy cansado. Te voy a contar un secreto: yo, hasta hace poco, no entendía la poesía. Mis amigos se quedaban fascinados ante un poema de Poeta en Nueva York y yo nunca lo llegaba a comprender. Me ha enseñado a entenderla el dar clase, por el hecho de repetirla, de leerla en voz alta, de investigar por mi cuenta. Pero no tenía el oído preciso para captar la belleza de ese tipo de poesía. Y de repente cayó en mis manos un libro de Luis Alberto de Cuenca y vi que se podía escribir de otra manera en la actualidad, decir cosas hermosas (o cosas terribles pero con la hermosura de lo terrible) y comprenderlas y que te llegaran desde el principio. No buscar tanto la imagen brillante sino el concepto brillante. Hay poesía contemporánea que no hay manera de entenderla, y si tienes la suerte de entenderla ves que no ha dicho absolutamente nada. Esa oscuridad me parece una falta de respeto para el lector. Si tú escribes para que nadie lo entienda, guárdatelo en el cajón. Escribe, desahógate; si quieres demostrar que has tenido una ocurrencia brillante y has comparado los coches con la mermelada, pues vale, perfecto, pero eso te sirve a ti: rechaza los recitales y rechaza las ofertas editoriales (si tienes) o no lo mandes a ninguna. A mí esa poesía no me gusta, y decía Javier Marías que uno escribe lo que le gustaría leer. Eso intento yo. Me gusta escribir cosas que el lector pueda entender, me gusta emocionar o dar que pensar, o intentar, al menos, esas dos cosas en el lector.

Hemos hablado de Luis Alberto de Cuenca y de Gil de Biedma. ¿Quiénes son sus referentes literarios españoles?

Gil de Biedma, Luis Cernuda, Luis Alberto de Cuenca, Sánchez Rosillo, José María Álvarez… Cuando doy la generación del 27 digo a los alumnos que hay dos o tres poetas dentro que son absolutamente determinantes como símbolo de la literatura española, como pueden ser García Lorca o Alberti, pero realmente hay uno solo que es determinante para toda la poesía posterior: Luis Cernuda. Cuando ya empiezan a leerlo los jóvenes poetas de los años 60 es cuando cambia la poesía española por completo, porque de repente se vuelve más cotidiana, más accesible, más sencilla, que es lo que había hecho Cernuda en su momento.

El libro es un canto a la valentía de la vida. Aun así, el miedo también está presente: «Guárdate de confesar tu miedo a un corazón comprensible. / Porque ya nadie querrá oírte sin pedir tu alma a cambio». ¿Perdemos nuestra alma al confesar nuestros temores?

Al confesarlos, te vuelves vulnerable y abres tu armadura. Y enseñas cosas que no deberías. A no ser que sea una persona muy allegada, es mucho mejor guardarlos. Los miedos no se deben enseñar, tienes que aprender a convivir con ellos, pero que no se te note. Si te acostumbras a no mostrarlos, a dominarlos (no a tratar de que desaparezcan porque nunca desaparecen, sino a vivir con ellos), te acostumbras y los domas. A mí me ha costado, pero creo que poco a poco lo voy consiguiendo.

David LópezParece que es muy importante la literatura con la que crecemos, pero, actualmente, los niños cada vez leen menos a los clásicos.

Yo creo que eso ha pasado siempre. No hay tanta diferencia entre una época y otra. Cada tiempo ofrece una cosa; no hay una generación que haya crecido en Homero, en John Ford. Todas han crecido en los sucedáneos, en la cultura más accesible. Lo que pasa es que en cada generación ha habido personas que se han interesado por salirse de eso.

¿Qué opina del movimiento poético que hay en Murcia ahora mismo?

¿Todo este renacer de la poesía? Yo creo que es un reflejo de lo que está pasando en España. A lo mejor hay ciudades con menos movimiento y Murcia es de las que más tiene, pero hay un renacer, un auge general movido por las redes sociales y porque se han roto las barreras entre el escritor y el público. Ahora cualquiera puede escribir sus versos y ser oídos en una noche de micrófono abierto o leídos en una red social.

¿Y eso perjudica a la calidad de la poesía?

Ni perjudica ni alienta. Creo que luego todo caerá por su propio peso y lo que sea bueno se quedará y lo que no, se olvidará. Pero no soy un detractor furibundo de lo que está pasando: sencillamente no lo leo. Es normal que tengas ese sentimiento de querer publicar como sea a esa edad. He hablado con gente joven que está empezando a escribir y están indignados, porque fulanita, como tiene tantos seguidores (que es lo primero que te preguntan las editoriales), ha publicado.

¿Entiende a la editorial que pide eso?

Sí. Pensamos que las editoriales son servicios públicos. ¿Quieren educar a las personas?, ¿quieren hacerlas más cultas? No. Quieren vender libros. Y si lo que vende es esto, hay que darle salida. Ese fenómeno lo hemos tenido en la narrativa con los best seller. ¿Y es que ha dejado de publicarse novela buena? No. Pasará lo mismo con la poesía. Ahora bien, la poesía tiene que saber en qué terreno juega. ¿Tú quieres que te lean? Sé claro, piensa en el lector. Te quejas de que no puedes publicar o de que otros son leídos mucho más que tú, y luego escribes cosas que no hay por dónde cogerlas. El libro, la publicación o incluso el recital estaban en una tarima muy alta, y tú tenías que subir unos peldaños para conseguirlo, pero ahora no. No hay tarimas, cualquiera puede llegar. Y se han acostumbrado a eso, a que yo tengo derecho a leer y a ser leído. Esa lucha por llegar a la tarima te pule muchísimo y la frustración educa.

No podemos olvidar el cine, que también tiene cabida en el poemario. ¿Tiene algún referente?

Una película es una vivencia y como tal es materia poetizable. Para mí, el cine ha sido siempre determinante. Hasta hace poco me veía siempre una película todas las noches; era como algo sagrado. Y mi referente es el cine de Hollywood de los años 30, 40 y 50. Frank Capra, John Huston, John Ford. He crecido, incluso, con esas películas.

Un poemario que recomiende.

Lluvia sobre el río, de Jim Dodge.

 

David López Sandoval es autor de El viaje heroico, Viaje al Parnaso y Cuenta atrás, poemario este último que ha resultado ganador del Premio Jaén de Poesía. Además, recientemente ha obtenido el Premio de Dramaturgia Social de Santa Coloma de Gramenet por su obra teatral El escritorio, que verá la luz muy pronto.

Vía La Opinión.

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